LA FUERZA DE LA MENTE, PERSPECTIVA DE UN CORREDOR DE FONDO

AUTOR: JOSÉ RAMÓN SANTOS. Leyendo el estupendo post de nuestro compañero Miguel Lacaci quiero compartir con vosotros un aspecto que en mi opinión va unido al “mal llamemos formalmente en este caso” ADN de un deportista. Siempre he practicado deporte en mi vida y con la edad esa actividad rola hacia actividades donde la explosividad es sustituida por actividades de cadencias más pausadas, dedicándome ahora a correr fondo por montaña pero ese “ADN” lo llevo en mis neuronas.
No es objeto de este artículo glosar los múltiples beneficios -que pueden encontrarse en cientos de publicaciones y estudios- para nuestro organismo de practicar deportes; sino compartir con vosotros las sensaciones personales que a la Mente aporta esta “rutina de vida” y cómo se llega a este punto invitando a todos a que os animéis a la practica deportiva regular.Hay un componente intrínseco a la humanidad y a la naturaleza en general que es el afán de superación, mejora y adaptación al medio que no deja de ser una respuesta a la necesidad de supervivencia y eso marca en general la evolución.
Recuerdo allá por 2011 como corrí por primera vez 21kms por la montaña y como mi cuerpo me lo recordó durante varios (muchos) días y como yo calificaba por aquel tiempo de locura e insano correr un ultra (más de 80 kms). Llegado este punto actualmente esas barreras las he superado con una amalgama de elementos que quiero poner en valor ante vosotros porque esos hitos requieren unas adaptaciones magníficas y extrapolables a todas las facetas de la vida personal y profesional.
Ante todo prima el disfrutar de una manera sostenible no muy intrusiva de un entorno natural privilegiado en la cercana Sierra de Madrid; pero para los reacios, ¿Quién no tiene a mano esas alternativas sean en la propia urbe de Madrid u otras ciudades? Sólo ese aspecto recarga “las pilas” para afrontar las tareas diarias; os lo garantizo.Alcanzar esas metas requiere, a parte de una comprensión-coordinación por parte de nuestros entornos familiares, de una constancia y disciplina bien entendidas y no terriblemente sacrificadas en el entrenamiento, alimentación y hábitos saludables, sin llegar a los extremos en absoluto. Pero sobre todo se trata de educar y hacer uso de nuestros resortes mentales.
Una carrera de más de 80 kms por montaña requiere innumerables horas de esfuerzo físico sostenido y estar a merced de múltiples factores que pueden hacer que no se llegue a la meta pero quiero aportaros luz sobre el arma principal para el éxito que en general se desconoce; no es otro que nuestra Mente.

“La mente es principalmente quien sostiene el éxito absoluto de poder finalizar el reto.”

En primer término nuestra mente tiene que aprender a dosificar el esfuerzo en la medida de nuestras posibilidades reteniendo la innata impetuosidad de nuestro “ADN” de salir a “darlo todo” y debemos tener una estrategia de carrera estudiando los tramos, avituallamientos, el perfil, la climatología y nuestro estado físico-emocional previo, con el fin último de la meta y el disfrute con el reto.En paralelo nuestra mente nos tiene que “cuidar”, será ella la que nos marque que debemos reponer líquidos, sales, alimento con regularidad. Si la mente nos dice que estamos agotados y no disponemos de resortes intelectuales y emocionales para sobreponernos a esa objetiva fatiga física; terminaremos abandonando.
Del mismo modo se aprende a gestionar que si objetivamente tenemos una lesión o complicaciones de otro tipo; hay que saber decir basta o reordenar sobre la marcha toda la estrategia que sobre el papel teníamos planificada antes de la carrera. De una retirada meditada también se obtienen lecciones valiosísimas como son aprender a renunciar y por supuesto a perseverar en el futuro para intentar minimizar esos factores.Asimismo otras lecciones aprendidas son la solidaridad y ayuda al compañero en apuros como premisa de este tipo de carreras y la creación en ocasiones de solidas relaciones que se crean en horas de esfuerzo con personas hasta entonces desconocidas y que además en general no tienen un perfil intelectual afín al nuestro pero que tienen “un gen” común que nos hace a ambos estar allí.
La traducción es directa y tremendamente beneficiosa también en facetas profesionales que predispone a un orden y planificación mental. Nos posibilita enfrentar situaciones complejas y adaptarnos a entornos cambiantes o sobresfuerzos con relativa objetividad y permeabilidad.

En definitiva espero haber aportado un granito de arena al fin de este artículo sobre el poder de nuestra Mente vehiculando a través de esta afición no tan “de locos”, las innumerables armas que disponemos sobre nuestros hombros y no ligadas ni mucho menos al intelecto sino a nuestro afán de superación y mejora personal y profesional.

Un abrazo a tod@s
José Ramón Santos

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